29 may. 2013

3 días para el fin del mundo (Noviembre 2012)


Si el mundo se acabara en tres días, me alegraría. Sería maravilloooooso! En aquella playa portuguesa en la mañana del año nuevo pasado, tres amigos descifraban el destino del mundo. Uno, que si las infinitas conexiones de la red global estaban madurando el cerebro de la humanidad y lo harían tener por fin conciencia, y esa era la señal de la salvación. Otro, que Gaia, el organismo viviente en forma de planeta, del que formamos parte, da muestras de estar cerca del colapso y el fin está cerca. El tercero, que ambos hechos habrían hecho recuperar la espiritualidad perdida con el humanismo. Pero todos eran compatibles. El cuerpo de la humanidad está en su lecho de muerte y como buen moribundo es consciente de su fin, lo percibe, está alcanzando la paz necesaria. La lógica paz que solo viene cuando nada importa, porque ya está todo el pescado vendido. Cuando solo importa la paz. Imaginad que realmente fuéramos conscientes, con certeza, de que el mundo se acaba en tres días. No se vendería un iphone más, ni se discutiría si es mejor messi o cristiano, si te han rallado el audi, si las infantas han ido al colegio, ni siquiera si te han echado del trabajo, te ha engañado la novia o el banco se ha quedado con tu dinero. Si solo murieras tú, quizá tendríamos la sensación sanamente envidiosa de querer quedarnos a vivir la vida, a vivirla con nuestra gente, porque la vida sigue sin ti. O de asegurarnos de que no dejamos cuentas pendientes con la vida, que dejamos un recuerdo positivo de nuestro paso por ella. Pero si todo lo que conocemos desaparece dentro de tres días, si el mundo se extingue, ni siquiera queda eso. Nada más importa que encontrar la paz, y unir la misma energía con el resto, con lo que nos rodea, abrazarnos, no decir nada. Por fin la humanidad encontraría la comunión perfecta, la luz y la paz que solo encuentra el moribundo, pero con la ventaja de que no deja nada pendiente, no hay nada por lo que preocuparse. Nada más tendría sentido. La mayor parte del tiempo de nuestras vidas es morralla. Es un mero trámite necesario para ir de uno a otro de los momentos que realmente nos marcan en la vida y que si los juntáramos quizá no sería más que horas o minutos, como mucho días. Muchos cambiaríamos varios años de morralla por vivir esos segundos que siempre están presentes. Pues imaginad 3 días en los que las energías nos mantuvieran en un estado de éxtasis y de paz, en tener algo parecido a esos momentos mágicos de la vida concentrados y compartidos, y que luego todo se acabe. ¿No sería una maravillosa manera de despedirnos? Mirad, si el mundo está en su lecho de muerte, si se acaba nuestro ciclo, casi prefiero que sea dentro de tres días, o al menos en mi tiempo de vida, porque no me lo quiero perder.

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