31 mar. 2009


Murakami te hipnotiza, te da la vuelta como un calcetín, y te lleva en un viaje surrealista y sugerente por los rincones más íntimos de tu alma. Te enfrenta a una radiografía de los más escondidos deseos y motivaciones de la condición humana, para que tú mismo no tengas más remedio que reconocer los que forman tu solitario y personal mundo de sueños. Cada frase suya agita una luz diferente en cada uno, obligándote a buscarle lugar en una realidad pretendida que sólo puede sobrevivir alimentándose de tus entrañas. Después de leer a Murakami no tienes más remedio que relacionarte con el resto de novelas como con una simple concatenación de palabras que distraen tu mente. Las otras dos opciones posibles es leerle sólo a él, o ponerte a escribir sobre lo que surge de lo más profundo de ti mismo, buscando las llaves que abran todas las puertas. Suerte, porque parece que Murakami ya tiene en su poder la llave maestra.

22 mar. 2009

Café cargado


Reaparece tu mirada de café cargado
recomponiendo revelaciones agrietadas
recubiertas de hollín caballeresco
y vigilias desconocidas

Qué insalubre maceración de la resistencia
qué especiada recaída de párpados aromatizados
cuánta pesadez sabrosa alrededor
de este intermitente sonido pausado

Rendiré veintiún gramos
ciegos y mancos
para no ver tu ausencia
ni alargar mis tentáculos
cercenados
hacia tu contorno
de contrastes resbalados

13 mar. 2009

Novela kamikaze



De nuevo no te haré caso
amiga mía
me suicidaré otra vez
leyendo hasta el final
como un iluso incorruptible
esta novela kamikaze


Seguiré buscando razones
para el hara-kiri
ignorando las secuelas
de dosis irremediables
y pisaré finalmente
confiado en el vacío
empeñado en despeñarme

Sin tregua me sumergiré
en la tormenta de arena
y las cicatrices sonrientes
mostraré con orgullo

8 mar. 2009

Las fotos perdidas


Hoy deje de tomar innumerables fotos
aquella de los niños sobre las piedras
los niños, siempre
siempre, en África
aquella figura entre la hierba alta
aquel ocre intenso, aquella risa

Todas sin derecho a inmortalizarse
todas joyas enterradas

Hoy me sobran tantas
y me arrepiento
de las que no estás tú

Por cada una plasmada
arrancada del turbio océano
de la memoria
hay miles que te imaginan
como inútiles composiciones
incompletas

Con cada imagen que guardo
recuerdo el olvido de mi vida
y la lejanía de tu rostro inmóvil