14 sept. 2010

la terraza

A aquella terraza todos subían a esperar llamadas. Hacían como si no, como si llegaran a fumarse un cigarrillo o a disfrutar de las vistas del madrid desangelado. Pero ahí estaban, con la sensación de que abandonarla sin haber recibido esa esperada llamada era una decepción, un fracaso. Quizá una oportunidad, o un alivio. Lo sé porque yo también estaba allí por lo mismo. Con la misma sensación por una llamada que nunca recibí. Y mi vida desde entonces no fue la misma. Ese lugar era una señal, un punto de inflexión. Un hoyo o un trampolín. Un tren express hacia el bosque primario donde nada se conoce, donde todo se encuentra. Un lugar buscado, definido, premeditado. La prueba es que nadie se ha tirado nunca desde allí. Y nadie lo hará. Nadie abandonará. Algunos con llamada y otros sin ella, pero todos volverán por donde han venido.

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